ESTADO CONFIRMADO La Real Fuerza Aérea Australiana liberó una unidad de prueba del HACM sobre un polígono australiano y recopiló datos en condiciones de vuelo. No se publicaron la fecha, el lugar exacto, la aeronave portadora, la duración, la velocidad ni la confirmación de un encendido del scramjet. El sistema continúa en desarrollo y no es un arma operacional.
Una liberación que cambia el programa
El Hypersonic Attack Cruise Missile, conocido como HACM, dejó de ser únicamente un diseño sometido a ensayos en tierra. Un portavoz de la Fuerza Aérea de Estados Unidos confirmó a The War Zone el 5 de octubre que la Real Fuerza Aérea Australiana liberó una unidad de prueba sobre un polígono del país. La actividad formó parte de SCIFiRE, la cooperación bilateral que Washington y Canberra mantienen desde 2020 para desarrollar tecnologías hipersónicas de respiración aérea.
La confirmación fue reiterada el 6 de octubre por Air and Space Forces Magazine. La declaración oficial describió un ensayo en vuelo destinado a reunir datos bajo condiciones realistas, pero evitó detalles básicos: no identificó el rango, la fecha, la plataforma de lanzamiento, el tiempo de vuelo o la velocidad alcanzada. El contratista principal RTX derivó las consultas a la Fuerza Aérea y Northrop Grumman, responsable de la propulsión, no aportó información adicional.
Eso convierte el anuncio en un avance genuino y, al mismo tiempo, en una prueba de lectura crítica. En un programa hipersónico, soltar el vehículo desde una aeronave permite evaluar separación segura, estabilidad, telemetría y comportamiento aerodinámico. No demuestra por sí solo que el propulsor funcionó ni que el misil sostuvo una trayectoria por encima de Mach 5.
Por qué el scramjet es la prueba decisiva
El concepto HACM combina dos etapas. Primero, un cohete acelerador debe llevar el conjunto hasta una velocidad en la que pueda operar el scramjet. Después, el vehículo de crucero se separa y utiliza el oxígeno de la atmósfera para quemar combustible y mantener el vuelo hipersónico. A diferencia de un motor a reacción convencional, el scramjet no necesita un compresor mecánico: depende de que el aire entre ya a enorme velocidad y conserve un flujo supersónico dentro de la cámara de combustión.
Ese proceso concentra varias dificultades en segundos. El acelerador debe cumplir su secuencia, la separación tiene que ser limpia, el motor debe encenderse dentro de una ventana estrecha y la estructura debe soportar temperaturas y cargas extremas. Al mismo tiempo, navegación, control y comunicaciones deben seguir funcionando. El fabricante presenta a las armas hipersónicas como sistemas capaces de maniobrar a más de Mach 5 y complicar la defensa, pero su material público describe objetivos generales de la tecnología y no prueba el rendimiento del HACM en este ensayo.
Hasta que la Fuerza Aérea confirme un tramo propulsado, lo responsable es hablar de una unidad liberada durante un ensayo aéreo. Presentarlo como un vuelo hipersónico completo agregaría al comunicado un resultado que la propia institución no divulgó.
Australia es parte del arma y no solo el escenario
Australia aporta mucho más que espacio físico. Sus áreas de pruebas interiores ofrecen grandes extensiones poco pobladas, instrumentación y corredores adecuados para seguir vehículos de alta velocidad durante distancias difíciles de conseguir en Estados Unidos. Woomera aparece desde hace años como el lugar esperado para actividades de SCIFiRE, aunque no fue confirmado como sede de esta liberación.
La cooperación también distribuye el riesgo técnico. La Fuerza Aérea estadounidense adjudicó en 2022 a Raytheon un contrato de 985,3 millones de dólares para desarrollar y demostrar prototipos HACM, apoyándose en el diseño generado por SCIFiRE. Desde el inicio, el objetivo público fue integrar el arma en cazas y dejar dos unidades con utilidad operacional residual, no limitarla a bombarderos estratégicos.
La aeronave utilizada en el ensayo actual no fue identificada. Documentos anteriores de control público señalaron al F/A-18F Super Hornet australiano para parte de las pruebas y al F-15E estadounidense como plataforma inicial prevista. Ninguna de esas referencias permite afirmar cuál llevó esta unidad concreta.
Cinco pruebas y casi ningún margen
El progreso llega con presión acumulada. La evaluación anual de la Oficina de Rendición de Cuentas de Estados Unidos publicada el 2 de julio advirtió que numerosos programas acelerados ingresaron al desarrollo con tecnologías inmaduras y terminaron demorando capacidades que debían entregar rápido. El anexo dedicado al HACM señaló que el cronograma tenía prácticamente cero margen y que un fallo importante podía impedir completar la campaña dentro de la ventana de prototipado rápido.
El plan se redujo de siete vuelos a cinco. La fase contempla 13 misiles entre vehículos de prueba, repuestos y dos rondas destinadas a una capacidad residual. Funcionarios del programa informaron a la GAO que al menos los tres primeros vuelos son críticos para decidir un paso a adquisición rápida durante el año fiscal 2027. Menos ensayos pueden ahorrar tiempo, pero concentran más riesgo en cada lanzamiento y dejan menos oportunidades para descubrir fallas antes de comprar.
La Fuerza Aérea solicitó casi 404 millones de dólares para el primer lote operacional y proyecta comenzar el despliegue en 2027, con producción a ritmo completo hacia 2029. Es una intención presupuestaria y de programa, no una garantía. Antes deben validarse la propulsión, el control, la integración con la aeronave, la fiabilidad y la posibilidad de fabricar el arma en cantidad.
Lo demostrado y lo que todavía falta
Está demostrado que una unidad HACM fue transportada y liberada en vuelo por la fuerza australiana, que la cooperación SCIFiRE ya produjo hardware de prueba y que la campaña aérea comenzó después de retrasos. También está documentado el contrato, la arquitectura con acelerador y scramjet y la intención de emplear el arma desde cazas contra objetivos valiosos o sensibles al tiempo.
No está demostrado públicamente que esta unidad encendiera el acelerador, separara sus etapas, activara el scramjet, superara Mach 5 o maniobrara bajo propulsión. Tampoco se conocen alcance, precisión, carga militar, resistencia a contramedidas, costo unitario o tasa de fiabilidad. La falta de datos puede responder a seguridad operacional, pero no autoriza a completar los vacíos con cifras no confirmadas.
Si funciona como se pretende, HACM permitiría que cazas ataquen desde distancia nodos de defensa aérea, lanzadores móviles o centros de mando y reservaría bombarderos para otras misiones. La velocidad reduciría el tiempo de reacción adversario y una trayectoria maniobrable complicaría la intercepción. Ninguna de esas ventajas vuelve al misil invisible o invulnerable: su utilidad dependerá de sensores, inteligencia, planificación, disponibilidad y volumen de inventario.
La próxima noticia será el encendido
La liberación australiana merece atención porque mueve al HACM desde la promesa industrial hacia datos reales de vuelo. Pero el hito más importante sigue pendiente de confirmación pública: un perfil completo con aceleración, separación, combustión scramjet y control sostenido a velocidad hipersónica.
En un programa que quiere comprar mientras todavía prueba, la diferencia entre soltar un prototipo y demostrar el arma no es semántica. Es la frontera entre una ingeniería que avanza y una capacidad militar que aún debe probar que puede cumplir su misión.
Fuentes
The War Zone 5 de octubre · Air and Space Forces Magazine 6 de octubre · GAO 2 de julio
Informe completo de la GAO · Fuerza Aérea de Estados Unidos 22 de septiembre de 2022 · RTX tecnología hipersónica