La participación femenina en la historia bélica data desde mucho tiempo antes de la conformación de las Fuerzas Armadas como tales. Las guerras independentistas en nuestro territorio durante el siglo XIX, un período de milicias anterior a la conformación de nuestro Ejército, las muestran, y no son pocas. Manuela Pedraza luchó en las Invasiones Inglesas de 1806 y 1807; Juana Azurduy, valiente guerrera del Alto Perú cuyo desempeño le permitió alcanzar el nombramiento de “Capitana” (ascendida luego a Generala por un Decreto del 2009); María Remedios del Valle, mujer afroamericana que se desempeñó junto al General Belgrano en el Ejército del Norte y recibió el grado de Sargenta Mayor de Caballería en el Río de la Plata e incluso fue designada la “Madre de la Patria”. También Magdalena “Macacha” Güemes de Tejada tuvo activa participación junto a su hermano Martín Miguel en la defensa gaucha en el Noroeste argentino. Ellas representaban a mujeres de carácter, decididas, transgresoras, aquellas que con su accionar subvertían el orden establecido. Sin embargo, la organización e institucionalización del Ejército Argentino excluyó definitivamente la presencia femenina, “limitándola” a aquellas actividades que ubicaban a las mujeres de clase alta en labores de costura y bordado (como las Patricias Mendocinas) o acompañando a sus esposos, hijos o hermanos detrás de la línea de combate, en tareas auxiliares como enfermeras, cocineras o costureras de uniformes y tiendas de campaña. Recién en el siglo siguiente se contempló, aunque con restricciones, su ingreso a la vida militar (como parte del cuerpo profesional o asimiladas). Esta situación representaba una desventaja para las mujeres, ya que los escalafones más altos se encontraban en el cuerpo comando al cual solo podían acceder los hombres. En otras palabras, el acceso a los puestos de mando y toma de decisiones les estaba vedado. La creación de los servicios de enfermería es generalmente aceptada como el comienzo formal de las funciones de la mujer en la vida militar. El Cuerpo de Enfermeras del Reino Unido se fundó en 1881 (Primera Guerra de los Boers), en Canadá esta institución se fundó en 1885 (Rebelión Noroeste); en Australia, en 1898 (Guerra Sudafricana), y en los EEUU este cuerpo nació en 1901 (Guerra Hispanoamericana). Para la mayoría de las personas, el Cuerpo de Enfermeras constituía una organización militar a cuyos miembros se les negaba rango, beneficios o categoría de oficial, tal como sucedió en tiempos de la independencia de los estados.
Después de la Segunda Guerra Mundial, la necesidad de mano de obra aceleró el proceso de incorporación de las mujeres a las instituciones armadas, sobre todo en actividades profesionales como enfermeras, operadoras de radio, etc. Recién a mediados de los ´90 fueron asumiendo otros roles. La internacionalización de las misiones y los roles militares abrió una ventana de oportunidad para el ingreso al ámbito militar de las mujeres, que hoy constituyen un componente esencial de las misiones de paz promovidas por la Organización de las Naciones Unidas (ONU). Estas innovaciones llevarían a la transición de las Fuerzas Armadas tradicionales a posmodernas con un enfoque heterogéneo en la incorporación de las mujeres a las Fuerzas Armadas en todo el mundo.
«Investigaciones en sociología militar coinciden en que la incorporación de la mujer en las FFAA ha dado resultados positivos; asimismo encontraron que el entrenamiento conjunto incrementa el rendimiento.«

La búsqueda del derecho de la mujer a la igualdad de oportunidades en el mercado las ha obligado a capacitarse y desarrollar una competencia en todo el amplio espectro de la actividad laboral, incluido el militar. Además, la creciente necesidad de emplear tecnologías complejas (incorporada en los actuales sistemas de armas) y de la disuasión como efecto de la estrategia de defensa ha disminuido las posibilidades del enfrentamiento cuerpo a cuerpo y, de esa manera, de una etiquetada y prejuiciosa desventaja respecto de la mayor o menor fuerza en los seres humanos, según el sexo.
Se ha escrito bastante acerca de la imposibilidad de que las mujeres sean buenas soldados, ya sea por cuestiones psicológicas, fisiológicas u otros temas. En circunstancias en que hay hombres que no alcanzan los estándares físicos exigidos para las FFAA, gran parte de los escritos pretenden situar a la mujer en el límite de su capacidad para establecer que no son aptas para la vida militar. Contra las mujeres se argumenta la falta de fuerza en el tren superior de su cuerpo y se supone que esto las excluiría automáticamente de ser militares. Otro de los argumentos en contra de la presencia de mujeres en las instituciones armadas se asocia con los cambios hormonales, de carácter, embarazos o la falta de resolución frente al dilema de vida o muerte en una situación de combate.
No parece válido el argumento que rechaza a las mujeres por su mayor o menor trabajo en los músculos, ya que en el combate moderno no todos los soldados deben sobrellevar pesadas cargas. Por otro lado, el otro argumento se refuta –como se mencionó– con la historia, que refleja circunstancias y personajes concretos que aun en situaciones extremas demostraron arrojo y valor. Entendiendo que este aspecto sociológico ha sido superado, las FFAA se adaptaron e incluyeron progresivamente a las mujeres en sus filas.
Hoy, la mujer ocupa un lugar destacado en nuestras FFAA, no solo como profesionales de sanidad o sistemas de computación de datos, sino también desde el año 2000 como oficiales o suboficiales de las armas (artillería, ingenieros y comunicaciones) y especialidades (intendencia y arsenales). Y más recientemente, (2012) accedió a las armas de infantería y caballería. Asimismo, las mujeres también son parte importante del personal voluntario de nuestras FFAA. Aproximadamente, la mujer ocupa casi un 20% del personal (28% la Fuerza Aérea Argentina, 22% la Armada Argentina y 14% del Ejército Argentino). En nuestro país, como en todo el mundo, el porcentaje de mujeres en las FFAA creció a un ritmo sostenido (como en España, con 20% y EEUU con 15%), hasta la primera década del corriente siglo XXI, momento en que ese avance perdió fuerza y pareciera que se desaceleró. Comprender el o los motivos de esta desaceleración abarcaría un análisis que excede este artículo, pero poder entender cuáles serían las “limitaciones de género en la salud” que podrían ser motivo de insatisfacción para su incorporación, merecen un breve análisis.
Salud urogenital
Las operaciones en entornos austeros pueden generar problemas urogenitales en ambos sexos, pero especialmente en las mujeres. La literatura evidencia que las mujeres en servicio activo tienen un mayor riesgo de infecciones y síntomas del tracto urinario en operaciones. Las revisiones bibliográficas también muestran la prevalencia de problemas de salud e higiene urogenital en mujeres desplegadas, con una gran cantidad de investigación dedicada a los dispositivos de derivación urinaria femenina (DDUF), una especie de embudo que, ajustado al tracto urinario, dirige el flujo de orina hacia el exterior o a una bolsa colectora. El Simposio de Mujeres en Combate de los EEUU, una iniciativa para abordar el estudio, avances y establecer guías, incluyó en 2021 dos recomendaciones para la salud urogenital: primero, evaluar la eficacia y la utilidad de las medidas preventivas contra las infecciones y síntomas urogenitales, y segundo, determinar si los DDUF son eficaces y útiles para las mujeres en entornos operacionales
Dispositivos de desviación urinaria femenina (DDUF)
Un ensayo controlado aleatorio (método científico que asigna al azar a un grupo con intervención médica vs otro que actúa como control o “placebo” sin intervención) de mujeres desplegadas en Afganistán exploró la viabilidad del DDUF como una medida de autocuidado para promover la salud urinaria femenina en un entorno operacional y buscó determinar si había diferencias en los síntomas urinarios autoinformados. Desde 1995, fue la primera investigación acerca del uso del dispositivo. Aunque no se logró el poder estadístico debido a dificultades coyunturales (reclutamiento, altas tasas de deserción, retirada ordenada de las tropas), los resultados mostraron hallazgos clínicamente relevantes de que el DDUF las ayudó. Estos esfuerzos respaldaron la utilidad práctica del DDUF como medida preventiva disponible contra las infecciones/síntomas urinarios. Los resultados del estudio de 2016 generaron una mayor conciencia acerca de la utilidad del dispositivo, y el Centro de Salud Pública del Ejército de EEUU, por ejemplo, comenzó a entregarlos como parte del equipo a las mujeres antes de un despliegue. Sin embargo, se observó que el equipo de protección personal (EPP) y los uniformes no están diseñados para adaptarse a las mujeres ni para acomodar el DDUF. Esto alentó a intensificar el rediseño de artículos específicos para que se ajusten de una mejor manera a las mujeres

«Las actitudes de los hombres hacia las mujeres en las unidades, así como la dinámica de las relaciones interpersonales varón-mujer fueron cambiando y hoy, ya con una conducción en todos los niveles más jóvenes, la cuestión está saldada.«
Programas educativos
Un estudio cualitativo llevado cabo por una Junta de Salud de EEUU que exploró el conocimiento de las mujeres y sus ciclos menstruales mostró que el entendimiento, las actitudes y las creencias de las mujeres acerca de este tema se basaban principalmente en la experiencia y la información de familiares y amigos. La investigación respalda la premisa de que los temas de salud (necesidad de PAP/colposcopía/autoexamen mamario/ mamografía/ ETS) e higiene femenina serían una herramienta eficaz para preparar de una mejor manera a las mujeres para el despliegue y reducir el riesgo de problemas urogenitales. Además de la enseñanza, se recomendó proporcionar a las mujeres kits de autodiagnóstico y autotratamiento en caso de que ocurra una infección. La misma consideró que el no atender estas necesidades podría seguir representando riesgos para la salud, la preparación de la fuerza, el cumplimiento de la misión y, por lo tanto, pérdidas financieras.
Nutrición y anemia por deficiencia de hierro
Optimizar el estado nutricional y evitar las deficiencias nutricionales es fundamental para mantener la salud y el rendimiento de las mujeres militares. El rendimiento físico y cognitivo como resultado de la obesidad y las deficiencias nutricionales difieren entre ambos sexos.
Nutrición
Los cambios en los estándares nutricionales, que incluyen la vitamina D y el calcio para la optimización de la salud ósea, reflejaron la evidencia contemporánea y las recomendaciones de la salud femenina. Diversos estudios han evaluado las diferencias de sexo en diversos aspectos de la ingesta dietética, los requerimientos nutricionales y los resultados funcionales. Un estudio de este tipo evaluó la ingesta dietética en relación con los valores de referencia dietéticos militares durante el entrenamiento básico de combate del Ejército de EEUU. Aunque muchos nutrientes, incluidas las vitaminas D y E y el magnesio, fueron consumidos en cantidades insuficientes por ambos sexos, una mayor proporción de aspirantes femeninas no consumía suficiente calcio y hierro, elementos químicos que son fundamentales para el rendimiento cognitivo y físico y para evitar lesiones musculoesqueléticas. Las lesiones musculoesqueléticas y la salud ósea, causas relevantes de patologías en la población militar, han sido focos principales de la investigación nutricional reciente, que ha incorporado el sexo como un factor.
En un trabajo previo (“Suplementos Dietéticos, ¿sí, no o cuándo?” RS 727/23) se mencionó el elevado porcentaje de militares que utilizan diferentes “suplementos nutricionales”, los cuales quedan fuera de las regulaciones de los Servicios de Salud de todo el mundo, pudiendo conseguirse de manera libre y que podrían ocasionar daño en la salud si no son seguidos por un profesional (desde palpitaciones/taquicardia, hormigueo/entumecimiento, insomnio, náuseas, vómitos y calambres musculares, hasta la necesidad de trasplante hepático por consumo de productos “herbales”).

«Mientras mayor igualdad de género exista, mayor será la satisfacción, el rendimiento profesional y su permanencia.«
Anemia ferropénica
Desde 2014 varios trabajos exploraron el estado del hierro circulante de las mujeres y su impacto en el rendimiento cognitivo y físico. En el Ejército Argentino, desde la incorporación y luego durante el plan de carrera con el Examen Médico Periódico (Dir Tec DGS 443/21), se evalúan los valores de hemoglobina en su personal (dentro del hemograma, como parte de la detección de anemia). Varios trabajos sugieren que los valores del hierro en sangre disminuyen en las mujeres durante su entrenamiento. Podríamos mencionar una multicausalidad (económico, educación alimentaria, déficit nutricional, alteraciones en el ciclo menstrual). Teniendo en cuenta el impacto económico que significa la medición específica del estado del hierro en el organismo en todas las mujeres, podría considerarse el seguimiento de cada una por parte de la Sanidad, valorando específicamente cuando, aún con un valor de hemoglobina dentro de lo normal, se detecte una alteración significativa respecto del estudio previo. La incorporación de suplementos multivitamínicos/ minerales con hierro bajo supervisión médica prevendría un mayor desgaste y una posible baja en el rendimiento físico de las mujeres.
Planificación familiar
El embarazo no deseado es un problema de salud pública que afecta a cada mujer de forma única e individual. Los embarazos no planeados pueden provocar retrasos en la atención prenatal y se asocian con una mayor frecuencia de complicaciones, como por ejemplo, bajo peso al nacer, parto prematuro y depresión posparto. Es posible que, en el ámbito militar, los embarazos no deseados también afecten negativamente la carrera militar. Además de impedir que algunas mujeres se desplieguen, los embarazos no deseados provocan varias evacuaciones médicas de teatros de operaciones cada año, elevando los costos de la atención médica. Incluir programas de educación sexual como política podría contribuir a evitar este inconveniente.
Embarazo no planeado
Por los datos recopilados a través de una encuesta de salud, se concluyó en que la tasa de embarazo no planeado entre las mujeres jóvenes alistadas es aproximadamente un 50% mayor que la del total de Estados Unidos. Un estudio de 2016, realizado únicamente entre beneficiarios del Sistema de Salud Militar, reveló que más de dos tercios de las mujeres jóvenes solteras enroladas habían reportado al menos un embarazo no planeado. Una revisión en mujeres jóvenes incluyó varios casos de embarazo en operaciones, lo cual resulta preocupante debido a que complicaciones como un embarazo ectópico o un aborto espontáneo podrían representar importantes desafíos y riesgos para la atención médica en entornos médicamente austeros. La evacuación, además, es costosa y, dependiendo del momento, puede afectar negativamente la misión.
Anticoncepción
La mayoría de los embarazos no planeados se debe a la falta o uso inadecuado de anticonceptivos, por lo que una estrategia para reducirlos es brindar educación acerca del tema anticoncepción. Nuestra legislación ofrece métodos anticonceptivos sin costo. Sin embargo, las tasas de utilización de anticonceptivos no son tan altas como cabría esperar en un entorno militar. Un método anticonceptivo reversible de acción prolongada, como un dispositivo intrauterino (DIU) o un anticonceptivo subcutáneo implantable se consideran altamente efectivos debido a que se elimina el factor humano que podría llevar a olvidar la anticoncepción, sobre todo durante las operaciones militares. También podría haber dificultades con el acceso a métodos para el manejo de la menstruación. Dado que muchos métodos anticonceptivos pueden usarse para la supresión menstrual y brindan beneficios adicionales para afecciones que podrían afectar negativamente su desempeño (dismenorrea, fibromas, síndrome de tensión premenstrual), es importante que las mujeres tengan acceso a esta información y a profesionales de la salud que puedan brindarles esta atención

Conclusión
Nuestras FFAA, instrumento estatal para la defensa nacional, permite desde hace muchos años que todas las personas puedan desarrollarse según sus preferencias y capacidades sin verse limitadas/os por los estereotipos de género. De manera progresiva, lenta pero continua, los espacios fueron adaptándose a todas las armas, servicios y especialidades, dejando la controversia universal de origen respecto a las capacidades psicofísicas de la mujer (entendiéndose sobre su posición de madre/esposa y su fortaleza física respecto del varón). Las actitudes de los hombres hacia las mujeres en las unidades, así como la dinámica de las relaciones interpersonales varón-mujer fueron cambiando y hoy, ya con una conducción en todos los niveles más jóvenes, la cuestión está saldada. Las denuncias de discriminación y violencia de cualquier índole han sido los tópicos que trascienden a la opinión pública pero que de ninguna manera reflejan el compromiso que tienen las FFAA respecto de las mismas (tolerancia cero). Investigaciones en sociología militar efectuadas en EEUU y Europa coinciden en que la incorporación de la mujer en las Fuerzas Armadas ha dado resultados positivos; asimismo encontraron que el entrenamiento conjunto incrementa el rendimiento: las mujeres compiten con los hombres y viceversa, en un marco de camaradería. Este espíritu de cuerpo precisamente debe ser el camino, ya que el mismo no distingue de género y permite potenciar las capacidades a fin de poder enfrentar con éxito las situaciones críticas que se presenten en el combate.
La integración de la mujer en las FFAA requiere de igualdad, pero también de equidad, que no son sinónimos. Instalar acciones centradas en promoción de la salud de las mujeres dentro de la Fuerza (salud urogenital, nutrición, planificación familiar y violencia) es parte del continuo que garantizará que esa pausa que atrae y retiene a las mujeres en la Institución no sea por este motivo. Mientras mayor igualdad de género exista, mayor será la satisfacción, el rendimiento profesional y su permanencia.
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