Una ampolla, una infección o una lesión por frío húmedo pueden comprometer la movilidad del soldado. Preparar el calzado, mantener recambios secos y detectar las primeras molestias forman parte de la prevención sanitaria en el terreno.
En una marcha, los pies reciben el peso del cuerpo y del equipo durante miles de pasos. Si a ese esfuerzo se suman lluvia, barro y horas dentro de botas húmedas, una molestia localizada puede terminar obligando a interrumpir la actividad. La sanidad militar comienza también en estas rutinas cotidianas: revisar, secar y comunicar a tiempo.
El U.S. Army Center for Health Promotion and Preventive Medicine advierte que las ampollas pueden reducir la concentración, limitar las tareas y favorecer infecciones si se manejan mal. En el terreno, por lo tanto, el cuidado de los pies debe incorporarse a la preparación individual y a la organización de las pausas. [1]
Humedad y fricción dentro de la bota
El roce repetido entre piel, media y calzado puede producir ampollas. El sudor agrava ese mecanismo. Permanecer con la piel húmeda también favorece la maceración: la superficie se ablanda y pierde resistencia, lo que facilita nuevas lesiones. [1, 5]
Los hongos constituyen otro problema. Los CDC explican que prosperan en ambientes cálidos, oscuros y húmedos, como el interior de un calzado que no logra secarse. Sin embargo, una ampolla por fricción, una micosis y una lesión por frío húmedo son cuadros diferentes; reconocer esa diferencia evita tratar todo como una simple rozadura. [2, 4]
La preparación empieza antes de salir
El calzado debe ajustar bien y estar probado. El NHS recomienda utilizar las botas o zapatos nuevos durante períodos cortos hasta comprobar que resulten cómodos. Una marcha exigente no es el lugar para descubrir un punto de presión. [3]
Revisá plantas, talones, uñas y espacios entre los dedos. Los CDC aconsejan lavado diario, secado completo, uñas cortas y limpias e inspección regular de heridas e hinchazón. Si ya existe una lesión, corresponde evaluarla antes de someterla a más esfuerzo. [2]
Para la marcha, el Ejército estadounidense recomienda medias con mezclas sintéticas que ayuden a retirar la humedad de la piel; también menciona mezclas de lana y poliéster. El sistema debe funcionar junto con la bota: agregar capas que compriman el pie no mejora el ajuste. [1, 5]
Un recambio seco también forma parte del equipo
Llevar medias adicionales sirve si llegan secas al momento de usarlas. Como organización práctica del equipo, guardalas en una bolsa impermeable, separadas de prendas húmedas, y prepará una toalla pequeña limpia para el secado. La cantidad de recambios debe considerar duración de la salida, posibilidad de lluvia y oportunidades reales de secar el material.
Las medias deben cambiarse al menos diariamente y antes si están mojadas, aprovechando una pausa segura. La recomendación de mantener los pies secos exige prestar atención también al calzado: la American Medical Society for Sports Medicine aconseja sustituir botas y medias húmedas por otras secas cuando sea posible. [2, 5]
Qué hacer durante una pausa
Cuando la situación permita quitarse el calzado, aprovechá para observar la piel y detectar puntos dolorosos, heridas o hinchazón. Secá con cuidado, especialmente entre los dedos, y evitá friccionar con fuerza una zona irritada. El NHS recomienda secar mediante pequeños toques y utilizar una toalla de uso individual que se lave regularmente. [2, 6]
Como rutina , revisá además que no haya arena, piedritas o pliegues dentro de las medias y las botas. Si el tiempo y las condiciones lo permiten, retiralas para que se aireen y se sequen. Esta revisión debe hacerse con los pies protegidos del suelo contaminado, no caminando descalzo por el barro. [2, 5]
Ampollas y puntos de roce
Una zona de ardor localizada merece atención antes de que aparezca una ampolla. Reducí la fricción y revisá el ajuste. La protección de áreas susceptibles al roce es una de las medidas preventivas descritas por el Ejército estadounidense. [1]
Si la ampolla ya se formó, la recomendación general del NHS es mantenerla limpia, secarla con suavidad y cubrirla con un apósito protector. No la revientes por cuenta propia ni retires la piel que la recubre. Si se abre espontáneamente, lavate las manos antes de tocarla, limpiá la zona y cubrila, conservando la piel restante. Evitá el calzado o la actividad que continúe lesionándola. [3]
Una ampolla grande, muy dolorosa o que impide caminar requiere evaluación. El drenaje, cuando resulta necesario, es una decisión clínica que debe realizar personal capacitado con material apropiado. Un apósito no convierte automáticamente al soldado en apto para retomar una marcha. [3]
Hongos y cuidado en alojamientos compartidos
La picazón, la descamación o las grietas entre los dedos pueden corresponder a pie de atleta. El NHS señala que suele necesitar tratamiento antifúngico; mantener la zona seca ayuda, pero no sustituye ese tratamiento. Consultá a sanidad o a un profesional para elegirlo. [6]
No compartas toallas, medias ni calzado. En duchas y vestuarios comunes, usá calzado de baño. Estas medidas también importan al regreso del terreno, cuando el equipo debe limpiarse y secarse antes de volver a utilizarlo. [6]
Pie de trinchera y exposición al frío húmedo
El pie de trinchera es una lesión por exposición prolongada a humedad y frío, sin necesidad de congelación. No debe utilizarse ese nombre para cualquier pie mojado. Los CDC/NIOSH describen adormecimiento, hormigueo doloroso, hinchazón y cambios cutáneos entre sus manifestaciones. [4]
Emergency Care BC advierte que este cuadro puede dejar dolor persistente e intolerancia al frío. La evaluación se basa en la exposición previa y en el examen de la piel, la sensibilidad y la circulación. Por eso, la pérdida de sensibilidad tras permanecer con los pies fríos y mojados no debe interpretarse como una señal de que la molestia pasó. [7]
Ante sospecha, interrumpí la exposición cuando sea seguro, avisá y solicitá asistencia sanitaria. Retirá botas y medias mojadas, secá suavemente y evitá caminar sobre el pie afectado. No improvises recalentamiento con fuego, estufas o agua caliente: el manejo de esta lesión difiere del de una congelación y requiere evaluación. Emergency Care BC recomienda secado al aire a temperatura ambiente y recalentamiento pasivo, no activo. [4, 7]
Señales para consultar sin demora
Buscá atención sanitaria ante dolor intenso o dificultad para apoyar, adormecimiento persistente, cambios de color, hinchazón marcada, secreción purulenta, calor local o enrojecimiento que se extiende. Si aparecen fiebre o malestar general junto con una lesión, la evaluación es urgente por la posibilidad de infección. [3, 4, 5]
Las personas con diabetes o defensas disminuidas deben consultar tempranamente por problemas en los pies. No conviene esperar a que una lesión avance ni asumir que toda alteración se resolverá cambiando las medias. [2, 6]
La prevención también se organiza
Aplicadas al trabajo de una unidad, estas recomendaciones requieren algo más que voluntad individual. Una medida práctica es prever recambios, materiales de higiene, oportunidades de inspección y un circuito claro para informar lesiones. El momento de cada pausa depende de la actividad y la seguridad del entorno; no existe una frecuencia única que sirva para cualquier misión.
Los responsables de la actividad pueden reforzar un hábito sencillo: preguntar por molestias y facilitar la evaluación antes de que se conviertan en una limitación. Ante una lesión relevante, la continuidad o el retorno al esfuerzo deben decidirse con sanidad. La AMSSM destaca que retomar la actividad antes de que el pie se recupere puede prolongar la irritación y favorecer infecciones. [5]
El cuidado de los pies en el terreno protege la movilidad y permite detectar problemas a tiempo. Preparar las botas, conservar las medias secas y comunicar las señales de alarma son acciones pequeñas con consecuencias concretas para el soldado y su equipo.
Contenido educativo basado en fuentes sanitarias y militares. No reemplaza la evaluación clínica ni los procedimientos de sanidad de cada unidad.
Fuentes consultadas
[1] U.S. Army Center for Health Promotion and Preventive Medicine. Foot blisters take the fun out of marching. Consultar fuente
[2] CDC. Healthy Habits Foot Hygiene. Consultar fuente
[3] NHS. Blisters. Consultar fuente
[4] CDC NIOSH. Cold related Illnesses in Workers. Consultar fuente
[5] American Medical Society for Sports Medicine. Trench Foot. Consultar fuente
[6] NHS. Athlete’s foot. Consultar fuente
[7] Emergency Care BC. Trench Foot Diagnosis and Treatment. Consultar fuente
Consulta de fuentes: 9 de octubre de 2026. La fuente militar de 2009 se utiliza para prevención y repercusión funcional; el manejo general de ampollas se apoya en el NHS. Las propuestas de organización de la unidad son una aplicación editorial de estas recomendaciones, no un protocolo oficial del Ejército Argentino.
