En una mañana soleada de mayo, en el salón “Belgrano” del Regimiento de Infantería 1 “Patricios”, dialogamos con el Capitán Alejandro Gabriel Ponso, instructor en la Escuela de Infantería dependiente de la Dirección de Educación Operacional (DEOP). Especialista en liderazgo y tropas de montaña, egresó del Colegio Militar de la Nación en 2011 como subteniente del Arma de Infantería.
Posee las aptitudes especiales de Cóndor Dorado, instructor de Cazadores de Montaña, paracaidista militar y cazador de montaña del Reino de España. Además, cuenta con formación de posgrado en dirección y administración de empresas, recursos humanos y resolución de conflictos.

-¿Qué cargo y actividad cumple actualmente en la Escuela de Infantería?
-Actualmente soy Capitán y me desempeño como Oficial Instructor en la Escuela de Infantería. Específicamente soy Oficial Instructor en los cursos para Oficiales. En este sentido, es un profundo orgullo poder incidir en la educación de los oficiales que vienen desde Subtenientes hasta el grado de Teniente Primero.
Todos pasamos por la Escuela de Infantería y en menor o mayor medida somos influenciados por ese Oficial Instructor que nos dejó alguna enseñanza o forma de ser, además de las clases que impartía. Uno nunca se olvida de ese Oficial Instructor que le dijo o le ordenó hacer algo. Hoy, poder ser esa persona que recordarán es un desafío enorme que intento llevar todos los días dando lo mejor de mí.
-Fue un gran cambio venir a Campo de Mayo luego de 8 años en Mendoza. La vida del militar, ¿no?
-La verdad que fue un desafío enorme el estar tanto tiempo siendo meticuloso y certero, quirúrgico diría, en el análisis del terreno, de la meteorología y del combate en un ambiente desafiante y hostil como es el de Montaña.
Por otro lado, el estar en Campo de Mayo, específicamente en la Escuela de Infantería, es un compromiso gigante que llevo a cabo con un profundo orgullo. Jamás creí estar en este prestigioso Instituto enseñando a Oficiales. Viéndolos mejorar en sus técnicas de nivel Sección de Tiradores, en incrementar sus capacidades y sus recursos didácticos para llegar a las Unidades mucho mejor de lo que uno llegó, todo ello es una satisfacción enorme.
Es un desafío en el sentido de que uno tiene que volver a estudiar temas que tal vez ya no abordaba por cuestiones propias del servicio. Actualmente es un compromiso enorme el hecho de intentar que ellos sean mejores que uno. Están a pocos días de egresar y sin lugar a duda creo firmemente que son mejores de lo que nosotros fuimos.

-Prestó servicios en varias unidades de montaña, ¿en cuáles?
-Presté servicios en el Regimiento de Infantería de Montaña 16 como Jefe de Sección de Tiradores, en la Compañía de Cazadores de Montaña 8 como Jefe de Sección de Cazadores, Oficial de Operaciones y Oficial de Materiales y en la Escuela Militar de Montaña como Jefe de los Cursos, Jefe de División Enseñanza y del Departamento Tropas de Montaña.
En este sentido, el haber estado en estas Unidades insertas en el medio de la montaña facilitó muchísimo el adiestramiento de las secciones. Si bien fueron 8 años destinados en unidades desfavorables donde, en ese momento, no teníamos internet y escasa señal de teléfono, fueron mis mejores recuerdos.
En la Escuela Militar de Montaña, que a simple vista se encuentra en un lugar turístico, la vida del Instructor allí está muy lejos de esa perspectiva. El rol del instructor de la Escuela Militar de Montaña implica la gestión de un nivel de riesgo excepcional, difícilmente comparable con cualquier otro que un oficial o suboficial asuma a lo largo de su vida profesional. En terreno invernal, el riesgo es permanente y objetivo. La amenaza de avalanchas no es una hipótesis académica, sino una posibilidad real y constante. Cada instructor conduce actividades en las que, como mínimo, cincuenta vidas dependen directamente de sus decisiones, de su lectura del terreno y de su criterio profesional. No existe margen para el error: una evaluación incorrecta, una mala elección de itinerario o una demora innecesaria pueden desencadenar consecuencias fatales. En terreno estival, el riesgo no disminuye, simplemente cambia de forma. Las actividades de escalada se desarrollan en vías que superan ampliamente los 200 metros de altura, donde la vida depende literalmente de una cuerda y de la correcta aplicación de técnicas aprendidas con anterioridad. En ese contexto, no hay lugar para la duda ni para la improvisación. Si algo falla, el margen de reacción incluye procedimientos técnicos que solo se logran mediante la automatización de los mismos. Es un medio hostil, exigente y despiadado, que debe ser dominado para llegar al objetivo desde el lugar menos esperado y sin bajas durante la aproximación. Haber asumido esa responsabilidad no es un dato más en el legajo: es una marca profesional y humana que se lleva con orgullo para toda la vida.

-¿Cuáles fueron las experiencias más significativas que vivió durante su actividad en la montaña?
-En los destinos adversos en los que estuve, la participación en búsqueda y rescate es una constante que solo se incrementa en los veranos, pero nunca para. En este sentido, buscar y encontrar a personas extraviadas en el ambiente geográfico particular de montaña junto a otras instituciones fue una satisfacción enorme.
Otra experiencia gratificante fue el hecho de ver a mis antiguos soldados convertidos en señores suboficiales. Si bien los instructores solo estamos un momento en su carrera, el haber hecho lo mejor para que ellos puedan estar donde quieren es algo muy positivo y tangible.

Cumbre Invernal en la Torre Principal del Catedral
En el Valle Frey, Bariloche, durante el invierno de 2025, el CT Ponso junto al CT Etchehun realizaron un ascenso de aproximadamente 1.500 metros de desnivel desde la base del cerro Catedral utilizando esquíes de travesía. Tras alcanzar la base de la pared, reemplazaron el equipo de esquí por botas, crampones y piolet, iniciando una escalada mixta sobre roca, nieve y hielo. Luego de superar cerca de 200 metros de escalada vertical, alcanzaron la cumbre de la Torre Principal del Catedral, el punto más elevado del Valle Frey.
-En la Escuela Militar de Montaña se desarrollan los cursos de perfeccionamiento. ¿Cuáles serían las particularidades humanas o profesionales del personal que decide realizarlos? ¿Se requiere de un perfil o una personalidad especial?
-Como todo soldado, el deseo de servir lleva a perfeccionarse en el ambiente en el que se está destinado. Ese deseo de superación personal, de ser mejor cada día para hacer de este Ejército un mejor lugar en el puesto que uno se desempeñe, es lo mejor que uno puede hacer. Este deseo de superación lleva a entrenarse físicamente, el entrenamiento físico lleva al entrenamiento mental, y ambos, el físico y el mental, al espiritual. En este sentido, estos aspectos son sumamente necesarios en la montaña.
-¿Cuánto tiempo demanda adquirir los conocimientos y la experiencia necesarios para moverse con seguridad y solvencia en terreno de montaña?
-Soy un convencido de que el camino de aprendizaje nunca termina. Me gusta mucho la frase que dice “la práctica hace al maestro, y la falta de práctica lo convierte en un aprendiz”. En este sentido, realizar todos los cursos de montaña llevan un año, pero llevar a la práctica todo ello, lleva toda una vida.
En este sentido, la montaña siempre encuentra una forma de hacernos ver que no sabemos tanto como creíamos. Personalmente aprendí más de las veces en las que tuve que reprogramar una actividad por el peligro de una avalancha, el desprendimiento rocoso o proximidades de tormentas, que las veces en las que todo fue un éxito.
Por otro lado, hay experiencias que dejan enseñanzas muy profundas y que hacen comprender que el aprendizaje nunca termina. Las actividades y ascensiones invernales complejas, como las desarrolladas durante el invierno en el cerro Catedral, obligan permanentemente a reevaluar el terreno, la meteorología y las propias capacidades.
En época estival ocurre algo similar. Actividades como las desarrolladas en el Aconcagua, la escalada técnica o los ejercicios que integran la técnica como escalar y esquiar con la táctica, como atacar o defender, exigen conducir al personal en ambientes de enorme exigencia física y mental, muchas veces con cuarenta o cincuenta cursantes equipados para el combate, operando de noche y en terrenos donde cualquier error puede tener consecuencias serias. Ese tipo de experiencias refuerza permanentemente la importancia de la preparación, del criterio profesional y del trabajo en equipo.
-¿Cuáles son las principales recomendaciones o advertencias que se transmiten a quienes comienzan su formación en ese tipo de ambiente?
-La principal recomendación es desconfiar de lo que se sabe. Todo debe estar siempre sujeto a un cuestionamiento interno que obligue a leer e interiorizarse para estar seguro de lo que se está ordenando. Sin ir más lejos, entre el año pasado y este, participé activamente en la reelaboración de cinco reglamentos de montaña (ver recuadro), por lo que el mantenerse actualizado es una necesidad real, como en cualquier otra profesión. La diferencia está en que nuestras decisiones acarrean vidas y no me refiero a la guerra, me refiero concretamente al período de instrucción en los cursos.
En este sentido, recuerdo que en la Escuela Militar de Montaña todos los años estudiaba bibliografía específica sobre el tema análisis del terreno invernal y prevención de avalanchas. Mantenerse actualizado no es una opción, sino una necesidad profesional. Las actividades y ascensiones invernales se desarrollaban en sectores completamente alejados del centro de esquí, en los que una evacuación debía realizarse por propios medios y en los que la nieve, el barro, el hielo y el viento convertían la montaña en una escuela permanente de exigencia, responsabilidad y aprendizaje.
-Teniendo en cuenta que la Argentina posee una extensa frontera cordillerana, ¿de qué manera influye ese factor geográfico en la preparación y en los desafíos que enfrenta el Ejército?
-La Cordillera de los Andes representa uno de los ambientes geográficos más exigentes para cualquier fuerza militar. Sus características obligan a mantener una permanente preparación física, técnica y mental, porque el terreno, la meteorología y las distancias condicionan constantemente el desarrollo de las operaciones. En ese macizo andino el compromiso de servir, de ser útil a la Patria, se ve reflejado en cada instrucción, en cada búsqueda y rescate de personas extraviadas o accidentadas, en cada cumbre alcanzada y en cada ejercicio que combine la técnica con la táctica.
Por otro lado, con el paso de los años uno comprende que, a mayor experiencia y conocimiento, también es mayor la responsabilidad profesional. No solo de conducir personal en montaña, sino también de transmitir esas enseñanzas de manera seria y ordenada para que puedan perdurar en el tiempo. Muchas experiencias valiosas se pierden cuando quedan únicamente en anécdotas personales. Por eso considero fundamental que las lecciones aprendidas, las técnicas y los procedimientos queden plasmados en documentos doctrinarios que permitan que el conocimiento continúe evolucionando y sirva a las futuras generaciones de soldados.




– En el plano histórico, el Cruce de los Andes realizado por el Ejército de los Andes constituye una de las grandes hazañas militares de montaña de la historia de la humanidad. ¿Cómo es valorada hoy esa proeza desde la mirada de quienes se especializan en la guerra en montaña? ¿Qué aspectos de aquel cruce resultan más extraordinarios si se tiene en cuenta la época, los medios disponibles y la ausencia de tecnología moderna?
-La Campaña Libertadora del General San Martín es admirada y estudiada por todos los militares, no solo argentinos, sino también a nivel mundial. Particularmente para las tropas de montaña es un ejemplo de superación, de entender que el éxito de toda operación está en la preparación en los tiempos de paz; es un ejemplo de que lo que no se practique ahora, difícilmente se pueda hacer con éxito en la guerra. Creo firmemente en que vamos en esa dirección, los subtenientes creen en defender este país con su vida, lo veo todos los días, en ellos están los valores sanmartinianos y el futuro de este Ejército.
-A lo largo de la Cordillera, el Ejército Argentino participa junto con otras instituciones y agencias en operaciones de búsqueda y rescate en montaña. ¿Cómo se desarrolla ese trabajo conjunto y qué tipo de desafíos presenta este tipo de operaciones?
-El desafío pasa específicamente por estar listo física y mentalmente. Físicamente, porque las operaciones de búsqueda y rescate normalmente conllevan transportar una camilla con la persona herida durante varios kilómetros, y mentalmente, porque en la montaña es importante saber por dónde se está marchando, cuáles serán los imponderables que se encontrarán en el camino y cómo poder reducirlos al mínimo posible.
Por último, pero no menos importante, es fundamental estar espiritualmente dispuesto a prestar el servicio que normalmente ocurre los fines de semana, ya que en esos días las personas suelen salir a la montaña y justamente en esos días llegan las noticias de una persona extraviada que debemos ir a buscar.

-Desde su experiencia personal, ¿qué enseñanzas deja la montaña al soldado, tanto en el plano profesional como en el humano?
-Desde el plano profesional, la máxima enseñanza es la búsqueda constante de la perfección como soldado. El ambiente geográfico particular de montaña no admite improvisaciones y no le interesa la voluntad de vencer que podamos tener. El invierno lo deja muy en claro: o uno sabe desplazarse por terreno invernal o se entierra en la nieve hasta congelarse.
También enseña humildad, porque por más “sencilla” que parezca una montaña, siempre hay que poner en práctica todo lo aprendido. Porque la montaña puede ser sencilla, pero el clima y las personas que la transitan pueden cambiar de un momento a otro. No dominamos ninguno de estos factores al 100%, solo lo gestionamos con los que sabemos ahora mismo.
-Finalmente, ¿qué le diría a un joven militar que está considerando orientarse al Arma de Infantería? ¿Un Infante sería el soldado ideal para la especialidad de Montaña?
-Le diría que el Arma de Infantería exige mucho, pero también devuelve muchísimo desde el punto de vista profesional y humano. Es un Arma en la que el ejemplo personal, la presencia junto al soldado y la capacidad de conducir en situaciones exigentes tienen un valor permanente.
También le diría que nunca deje de entrenar, de estudiar y de perfeccionarse. La experiencia es importante, pero en profesiones donde las decisiones pueden comprometer vidas, la actualización y el aprendizaje constante son una responsabilidad profesional.

Durante el Curso Avanzado de Montaña Invernal se ejecutaron ejercicios de tiro sobre esquíes, tanto estáticos como en movimiento, como parte de las exigencias propias de la formación de esquiadores militares avanzados. Entre las actividades evaluadas, se incluyó la conducción de una fracción en ejercicios tácticos de combate y operaciones de rescate, donde la toma de decisiones bajo presión y en condiciones climáticas hostiles constituye una exigencia permanente.
El curso incrementó significativamente su nivel de exigencia, orientando su instrucción hacia estándares comparables con los empleados por escuelas militares de montaña de países integrantes de la OTAN y de los Estados Unidos.
La Infantería brinda la posibilidad de desempeñarse en ambientes muy distintos y desafiantes, como la montaña, donde uno comprende rápidamente que el trabajo en equipo, la disciplina y el criterio profesional son mucho más importantes que cualquier logro individual.
Creo que para quien tenga vocación de servicio, voluntad de superación y deseo de conducir a personas, la Infantería es una experiencia extraordinaria.
Sobre la segunda pregunta, indistintamente del cargo, grado o función, creo que todas las especialidades de todas las Armas comparten el mismo sentido de pertenencia, el mismo sentimiento de ser realmente útiles y servir lo máximo posible a esta prestigiosa institución que nació con la Patria. En este sentido, el “ideal” basta inicialmente con el deseo de ser, para luego aprender y finalmente estar en ese lugar que uno aspiraba. En este caso: un soldado montañés al servicio de la Patria.
Escalada en terreno mixto en Francia
Durante el invierno de 2019, en el marco del Curso de Montaña del Reino de España, en el que participó como cursante, el CT Ponso realizó actividades de instrucción conjunta con el Ejército de Francia en el sector de Mer de Glace, el glaciar más grande del territorio francés. Durante dichas actividades, efectuaron ascensiones a diversos picos mediante técnicas de escalada en terreno mixto, combinando progresión sobre roca, nieve y hielo.

El “ideal” para la montaña no pasa únicamente por quien escala o marcha en terreno difícil. También está en el logístico que garantiza el abastecimiento, en la Plana Mayor que planifica y conduce, y en el soldado que, aún en las peores condiciones, mantiene el compromiso de cumplir la misión. La montaña exige el esfuerzo y la integración de todos.-
Transformar la experiencia en doctrina

El Capitán Ponso destacó que, además de salir al terreno, comandar y liderar, existe una tarea fundamental: la elaboración doctrinaria como compromiso profesional profundo. Subrayó la necesidad de que las experiencias y enseñanzas adquiridas no queden reducidas a anécdotas personales ni se pierdan con el paso del tiempo.
“La reelaboración doctrinaria —señaló el CT Ponso— constituye un verdadero compromiso profesional: significa transformar años de instrucción, operaciones y capacitación —tanto en el país como en el extranjero— en conocimientos ordenados, actualizados y útiles para las futuras generaciones de soldados. La actualización y aprobación de estos cinco reglamentos demandó un arduo trabajo de conducción, coordinación y asesoramiento en todos los niveles, integrando el aporte de especialistas, instructores y colaboradores con amplia experiencia. Más allá de la redacción técnica, el desafío consistió en impulsar el cambio doctrinario, consensuar criterios y gestionar las aprobaciones necesarias para modernizar una doctrina que, en muchos aspectos, había quedado desactualizada frente a las exigencias actuales de la montaña.-
Descripción de las imágenes:
- Durante el invierno de 2019, en el marco del Curso de Montaña del Reino de España, en el que participó como cursante, el CT Ponso realizó actividades de instrucción conjunta con el Ejército de Francia en el sector de Mer de Glace, el glaciar más grande del territorio francés. Durante dichas actividades, efectuaron ascensiones a diversos picos mediante técnicas de escalada en terreno mixto, combinando progresión sobre roca, nieve y hielo.
- Durante el invierno de 2018, la Brigada de Montaña VIII organizó las Competencias Andinísticas Invernales, una exigente prueba de patrullas que combinaba desplazamientos en esquí y tiro sobre esquíes entre las distintas unidades de la Brigada. En dicha competencia, el CT Ponso se desempeñó como Jefe de Patrulla y obtuvieron el primer puesto tanto en la clasificación por patrullas como en la categoría individual de instructores.
- Durante las actividades conmemorativas del Bicentenario del Cruce de los Andes del General San Martín, la Compañía de Cazadores de Montaña 8 recibió la misión de alcanzar la cumbre del “Coloso de América” y desplegar en ella la bandera del Bicentenario, mientras las distintas unidades recreaban la histórica gesta sanmartiniana a través del valle.
- Durante el invierno de 2019, en el marco del Curso de Montaña del Reino de España, en el que participó como cursante, el CT Ponso realizó actividades de instrucción conjunta con el Ejército de Francia en el sector de Mer de Glace, el glaciar más grande del territorio francés. Durante dichas actividades, efectuaron ascensiones a diversos picos mediante técnicas de escalada en terreno mixto, combinando progresión sobre roca, nieve y hielo.